jueves, 28 de mayo de 2009

Las nuevas teorías económicas



En el siglo XVIII dos nuevas teorías económicas compitieron con la doctrina mercantilista. En realidad, el mercantilismo no fue una teoría económica rigurosa, sino un conjunto de medidas que buscaban enriquecer a la Corona y al Estado. En el Siglo de las Luces se desarrollaron nuevas ideas, y el pensamiento económico se transformó en una ciencia: la economía política. Las nuevas corrientes acompañaron el desarrollo económico que vivió Europa a lo largo del siglo y, sin duda, influyeron en él.
Fisiocracia
En Francia, país preponderantemente agrario, apareció una doctrina económica conocida como fisiocracia (en griego, “gobierno de la naturaleza”). Su fundador fue François Quesnay (1694-1774), y entre sus seguidores estuvieron Gurnay y Turgot, ministro de Luis XVI.
Esta teoría le da gran valor a la tierra. Para los fisiócratas, la agricultura es la única actividad que permite extraer productos
sin perjudicar a la fuente que los proporciona. Al mismo tiempo, genera un excedente de riqueza superior al costo de las semillas y al trabajo del agricultor. Por lo tanto, la clase de los agricultores suministra riqueza a las restantes clases sociales.
Quesnay clasificó socioeconómicamente a los hombres en: la clase productiva, compuesta por los que trabajan la tierra; la clase de los terratenientes, en la que incluyó a los que participan en el gobierno; y la clase estéril, que reunía a las personas ligadas al comercio y la industria. El dinero generado por la agricultura fluye entre los terratenientes y los comerciantes e industriales.
Basándose en estas ideas, los fisiócratas plantearon la existencia de un orden natural, que se obtenía dejando que todos actuasen libremente y garantizando la propiedad, de ahí su lema: laisser faire, laisser passer (“dejar hacer, dejar pasar”). Defendieron la libertad de comercio y plantearon la anulación de trabas e impuestos. Los seguidores de esta doctrina se opusieron a la intervención estatal en materia económica.
Liberalismo económico
En Gran Bretaña, cuna del capitalismo industrial, surgió la doctrina conocida como liberalismo económico, cuyo fundador
fue el pensador escocés Adam Smith (1723-1790). Su obra más importante, “Investigación acerca de la naturaleza y la causa de la riqueza de las naciones”, fue publicada en 1776.
Para Smith, cada hombre busca la satisfacción personal. Pero esto no es necesariamente negativo, ya que así se consigue un orden económico acorde con la naturaleza. Este se logra a partir de la intervención coordinadora y conciliadora de una “mano invisible” que actúa a través del mercado.
En este orden económico, el Estado no debe intervenir, pues el orden se establece por sí mismo cuando hay competencia
entre los individuos. El único y principal deber de los gobiernos en la política económica debe limitarse a fomentar la libre competencia.
Smith veía la libertad económica como resultado de la libertad individual: sólo así cada individuo podrá asegurar la recompensa a sus esfuerzos.
Además, consideraba necesario que el mercado funcionase
libremente; según Smith, las únicas intervenciones del Estado debían ser aquellas que facilitasen el mantenimiento de la libertad individual.

Actividades
1. Identifica
• ¿Qué postula la teoría fisiocrática?
• ¿En qué consiste el principio “dejar hacer, dejar pasar”? Explica con un ejemplo concreto.
• ¿Cuáles son las ideas principales del liberalismo económico?

2. Comunica
• ¿De qué manera se manifiesta el liberalismo económico en la actualidad?

3. Investiga
· Redacta una breve biografía de Adam Smith

Vida cotidiana y sociedad estamental



Los Estados comenzaron a establecer reglas y controles en todos los aspectos de la vida social, desde la economía hasta las actitudes personales. Los reyes pretendían, así, preservar el papel dominante de la nobleza ante el avance amenazador de la burguesía.
La vida de los sectores altos parecía tener un carácter público. Por ejemplo, Luis XIV vivía en Versalles, rodeado de buena parte de la nobleza. Estos nobles conformaban su corte, y eran llamados cortesanos. Al vivir con el rey, la nobleza perdió no sólo su peso político sino también gran parte de su vida privada. Sin embargo, aun en el palacio real, existió un espacio de privacidad: todos los días el monarca se retiraba a sus cámaras privadas, donde se reunía con su familia, sus criados y unos pocos allegados.
En cambio, los sectores acomodados de la sociedad –nobleza y alta burguesía– construían casas suntuosas en la ciudad y en el campo. Estas eran generalmente de dos plantas, con espacios diferenciados y un mobiliario apropiado para las necesidades de cada ambiente.
Por el contrario, en los sectores populares la vida transcurría casi exclusivamente en el ámbito del hogar, que la mayoría de las veces era también el lugar de trabajo. La vivienda no tenía espacios diferenciados: generalmente era un ambiente único donde se cocinaba y dormía, y en el que, con frecuencia, había también algunos animales. La falta de comodidades y equipamiento en las viviendas obligaba a sus habitantes a vivir, literalmente, en la calle.
Comer, beber y divertirse
En el siglo XVII, convivieron el hambre y los banquetes, las fiestas y la guerra. Los pobres se alimentaban de hortalizas, cereales, huevos y muy poca carne conservada en sal.
Las bebidas más difundidas eran el vino, la cerveza y los licores, el tabaco era consumido por todos los sectores sociales. Un dicho que circulaba en ese tiempo en Inglaterra afirmaba: “El español come, el alemán bebe y el inglés se excede en las dos cosas”.
Los lugares de diversión popular eran el mesón y la feria. Las peleas de gallos, las corridas de toros y las carreras eran las competencias más concurridas. El baile conservó su lugar destacado de encuentro y alegría, junto con las fiestas profanas, como el Carnaval, y algunas fiestas religiosas. Los deportes que se practicaban mostraban las diferencias entre las clases: el tiro y la ballesta eran comunes en los sectores populares; el esgrima, la lucha y el salto entre los burgueses; y la equitación y la caza entre los nobles.
Los roles en la sociedad
Además de una diferenciación social, en la sociedad había una marcada distinción de roles entre hombres y mujeres, tanto en el ámbito público como en el privado. El espacio familiar estaba organizado por una disciplina autoritaria impuesta por el jefe de familia, que garantizaba el patrimonio y el honor del grupo.
Las mujeres estaban excluidas de los negocios o de los asuntos públicos, salvo las que pertenecían a las capas sociales superiores o eran viudas. Su actividad, entonces, estaba limitada al ámbito del hogar y a cumplir con sus deberes como esposa y madre. La mujer debía guardar compostura y fidelidad a los suyos. Sin embargo, no carecía de poder: se encargaba de administrar la casa y, por lo que, en cierto modo, participaba de una división de poderes y tareas con el jefe de la familia.
En las familias aristocráticas eran los varones quienes heredaban las propiedades; las mujeres, por su parte, sólo recibían una dote para casarse. Como la dote significaba un gran gasto, no todas las hijas se casaban; algunas se quedaban a vivir con uno de sus hermanos o entraban a un convento, donde se requería una dote menor. El matrimonio era decidido por los padres.
Las mujeres nacidas en familias pobres tenían muy pocas oportunidades de ascenso social. La mujer campesina soltera debía mantenerse con su trabajo, por ello emigraba del hogar a los diez o doce años para emplearse en casa de una familia de mayores recursos. Otra alternativa era trabajar en casa de parientes. Estos la albergaban para que ella, con su trabajo, pudiera ahorrar el dinero necesario para su dote matrimonial. Otro destino de la mujer pobre era trabajar en las tejedurías, que empleaban mayoritariamente personal femenino en sus talleres de producción de seda y encaje.
Actividades (Para desarrollar en el cuaderno)
1. Analiza

• ¿Qué caracterizaba la vida dentro de cada estamento?

• ¿Cuál era la situación de la mujer?

martes, 19 de mayo de 2009