lunes, 7 de septiembre de 2009

La Iglesia en el primer siglo de la República

Lee y desarrolla las actividades en el cuaderno de clase las preguntas propuestas
Capacidad: Comprensión......Destreza: Analizar

Después de la independencia, la Iglesia sufrió una serie de crisis. No obstante, en general, no perdió su “status” privilegiado en la sociedad. Los distintos gobiernos republicanos reclamaron para sí el derecho de patronato sobre la Iglesia y provocaron de esta manera una crisis en la jerarquía: durante un periodo de entre 15 a 20 años la mayor parte de las diócesis estuvieron vacantes.
Al mismo tiempo, los liberales intentaron reformar la vida religiosa cerrando numerosos conventos y obligando a muchos religiosos a abandonar su estado para pasar al clero secular. Económicamente, la Iglesia se empobreció bastante a raíz de la guerra de la Independencia.
En general, sin embargo, el ataque liberal fue relativamente suave. Los liberales de esta época eran regalistas doctrinarios, pero no anticlericales ni mucho menos antirreligiosos. Su propósito fue controlar la Iglesia con el fin de ponerla al servicio de la nueva república.
Se opusieron a la injerencia del papado en asunto internos de la Nación; en cambio, aceptaron la figura del Papa como un símbolo de unión para los fieles. Casi todos aprobaron los artículos constitucionales que establecían a la Iglesia como la única protegida y favorecida por el Estado. Los diezmos seguían en vigencia.
Esta etapa de desorientación inicial terminó con la restauración de los obispos, la cual comenzó en la década de los años 30 y continuó en los siguientes.
Los caudillos conservadores como Orbegoso (1833-1836) y Echenique (1851-1854), y uno que se distinguió más bien por su sentido pragmático, Ramón Castilla
(1845-1851, 1855-1862), tenían un interés positivo en restaurar la Iglesia como una fuerza estabilizadora en la sociedad. [...]
La política de los obispos y de otros dirigentes eclesiásticos en esta etapa consistía en reorganizar la Iglesia primero y luego lograr que ella recuperara, en lo posible, la misma posición que había ocupado en la sociedad colonial. Los principales arquitectos de esta política fueron Francisco Javier de Luna Pizarro (Arzobispo de Lima, 1845-1855), José Sebastián de Goyeneche (Obispo de Arequipa, 1818-1860, Arzobispo de Lima, 1860-1872) y Bartolomé Herrera (Obispo de Arequipa, 1860-1864). Bajo Luna Pizarro, la Iglesia logró cierta independencia frente al Estado, aun dentro de las limitaciones impuestas por el patronato. Se abrió de nuevo el Seminario de Santo Toribio, que pronto se llenó de aspirantes a la carrera eclesiástica. Al mismo tiempo, se marginó de la Iglesia al clero liberal que se había aliado a los políticos de la misma tendencia. Además, hubo un resurgimiento de la religiosidad tradicional en la década de los años 40. A los veinte años de la crisis de la separación de España, la Iglesia fue plenamente restaurada: más conservadora, pero intacta.
La independencia no representó, por lo tanto, una crisis insoportable para la Iglesia. El liberalismo, que fue la doctrina de una élite muy pequeña, no afectó mayormente a las clases populares. Tampoco hubo un cuestionamiento de realidades estructurales ni de valores más profundos. La Iglesia seguía ejerciendo una gran influencia sobre todas las clases sociales. [...] En el campo, lejos de las ciudades, los curas de doctrinas seguían cobrando las primicias, llamando a la gente a la misa e influyendo en la vida diaria como si la independencia nunca hubiera sucedido
A mediados de la década de 1850, los liberales se volvieron más abiertamente anticlericales. En la Convención de 1855-1856, intentaron eliminar algunos de los privilegios de los que todavía gozaba la Iglesia, tales como los diezmos y el fuero eclesiástico. Este nuevo ataque provocó una ola de protestas de parte de la jerarquía, del clero y de muchos fieles. Arequipa se convirtió en el centro del movimiento antiliberal, que acabó obligando al presidente Castilla a repudiar las medidas más radicales de la Convención. En 1860 se compuso una nueva Constitución, que era de tono más conciliador porque incorporó medidas liberales y conservadoras a la vez. Aunque Bartolomé Herrera, a la sazón Presidente del Senado, rehusó firmarla porque la consideraba demasiado liberal, la Carta de 1860 de hecho representó una victoria para la Iglesia porque mantuvo su "status" legal y privilegiado como la única religión reconocida y protegida por el Estado
Actividades para desarrollar en el cuaderno de HGE
1. Identifica
• Elabora una línea de tiempo donde representes los periodos de crisis y recuperación de la Iglesia Católica desde la independencia hasta la década de 1860.
• Explica cuál era la actitud de los caudillos hacia la Iglesia Católica. ¿Por qué crees que actuaron así?
2. Infiere y comunica
• Discute con tus compañeros acerca de lo siguiente: ¿Qué rol debe cumplir la Iglesia en la vida de un país? ¿Creen que debe intervenir en la política? ¿Cómo se relaciona esto con la tolerancia religiosa?
• Elabora tus conclusiones personales y redacta un ensayo en el que expliques cuál debería ser la función de la Iglesia en la sociedad.
(Fuente: Editorial Santillana)

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