viernes, 10 de abril de 2015

Vida cotidiana y sociedad estamental


Los Estados comenzaron a establecer reglas y controles en todos los aspectos de la vida social, desde la economía hasta las actitudes personales. Los reyes pretendían, así, preservar el papel dominante de la nobleza ante el avance amenazador de la burguesía.
La vida de los sectores altos parecía tener un carácter público. Por ejemplo, Luis XIV vivía en Versalles, rodeado de buena parte de la nobleza. Estos nobles conformaban su corte, y eran llamados cortesanos. Al vivir con el rey, la nobleza perdió no sólo su peso político sino también gran parte de su vida privada. Sin embargo, aun en el palacio real, existió un espacio de privacidad: todos los días el monarca se retiraba a sus cámaras privadas, donde se reunía con su familia, sus criados y unos pocos allegados.
En cambio, los sectores acomodados de la sociedad –nobleza y alta burguesía– construían casas suntuosas en la ciudad y en el campo. Estas eran generalmente de dos plantas, con espacios diferenciados y un mobiliario apropiado para las necesidades de cada ambiente.
Por el contrario, en los sectores populares la vida transcurría casi exclusivamente en el ámbito del hogar, que la mayoría de las veces era también el lugar de trabajo. La vivienda no tenía espacios diferenciados: generalmente era un ambiente único donde se cocinaba y dormía, y en el que, con frecuencia, había también algunos animales. La falta de comodidades y equipamiento en las viviendas obligaba a sus habitantes a vivir, literalmente, en la calle.
Comer, beber y divertirse
En el siglo XVII, convivieron el hambre y los banquetes, las fiestas y la guerra. Los pobres se alimentaban de hortalizas, cereales, huevos y muy poca carne conservada en sal.
Las bebidas más difundidas eran el vino, la cerveza y los licores, el tabaco era consumido por todos los sectores sociales. Un dicho que circulaba en ese tiempo en Inglaterra afirmaba: “El español come, el alemán bebe y el inglés se excede en las dos cosas”.
Los lugares de diversión popular eran el mesón y la feria. Las peleas de gallos, las corridas de toros y las carreras eran las competencias más concurridas. El baile conservó su lugar destacado de encuentro y alegría, junto con las fiestas profanas, como el Carnaval, y algunas fiestas religiosas. Los deportes que se practicaban mostraban las diferencias entre las clases: el tiro y la ballesta eran comunes en los sectores populares; el esgrima, la lucha y el salto entre los burgueses; y la equitación y la caza entre los nobles.
Los roles en la sociedad
Además de una diferenciación social, en la sociedad había una marcada distinción de roles entre hombres y mujeres, tanto en el ámbito público como en el privado. El espacio familiar estaba organizado por una disciplina autoritaria impuesta por el jefe de familia, que garantizaba el patrimonio y el honor del grupo.
Las mujeres estaban excluidas de los negocios o de los asuntos públicos, salvo las que pertenecían a las capas sociales superiores o eran viudas. Su actividad, entonces, estaba limitada al ámbito del hogar y a cumplir con sus deberes como esposa y madre. La mujer debía guardar compostura y fidelidad a los suyos. Sin embargo, no carecía de poder: se encargaba de administrar la casa y, por lo que, en cierto modo, participaba de una división de poderes y tareas con el jefe de la familia.
En las familias aristocráticas eran los varones quienes heredaban las propiedades; las mujeres, por su parte, sólo recibían una dote para casarse. Como la dote significaba un gran gasto, no todas las hijas se casaban; algunas se quedaban a vivir con uno de sus hermanos o entraban a un convento, donde se requería una dote menor. El matrimonio era decidido por los padres.
Las mujeres nacidas en familias pobres tenían muy pocas oportunidades de ascenso social. La mujer campesina soltera debía mantenerse con su trabajo, por ello emigraba del hogar a los diez o doce años para emplearse en casa de una familia de mayores recursos. Otra alternativa era trabajar en casa de parientes. Estos la albergaban para que ella, con su trabajo, pudiera ahorrar el dinero necesario para su dote matrimonial. Otro destino de la mujer pobre era trabajar en las tejedurías, que empleaban mayoritariamente personal femenino en sus talleres de producción de seda y encaje.
Actividades (Para desarrollar en el cuaderno)
1. Analiza

• ¿Qué caracterizaba la vida dentro de cada estamento?

• ¿Cuál era la situación de la mujer?

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